Escrito por Karin Kopitowski
En Nutrients se publicó recientemente un consenso latinoamericano que propone que la suplementación diaria con preparados que combinan múltiples vitaminas y minerales podría promover un envejecimiento cognitivo saludable e incluso considerarse una estrategia de salud pública en la región¹. El documento fue elaborado mediante un método Delphi modificado: un panel de expertos revisó la literatura, discutió en reuniones virtuales y votó afirmaciones hasta alcanzar un acuerdo. A partir de ese proceso se formularon catorce declaraciones que, en síntesis, sostienen que el deterioro cognitivo es un problema creciente y subdiagnosticado en América Latina, que la insuficiencia de micronutrientes es frecuente en adultos mayores, que ciertos patrones alimentarios ricos en vegetales, frutos secos y pescado podrían ser protectores aunque difíciles de implementar en nuestro contexto social y económico, y que por lo tanto la suplementación con preparados multivitamínicos y multiminerales podría constituir una estrategia pragmática para promover salud cognitiva.
El principal sustento experimental del consenso proviene del estudio COSMOS y de su subestudio cognitivo, que mostró mejoras modestas pero estadísticamente significativas en pruebas de memoria episódica y en la función cognitiva global en adultos mayores que recibieron diariamente un preparado multivitamínico². Los autores del consenso interpretan estos resultados como evidencia relevante para la región y los utilizan como pilar central para respaldar la recomendación.
Hasta aquí, la propuesta.
Ahora bien, es importante distinguir con precisión qué tipo de documento estamos leyendo. No se trata de una guía clínica con una metodología sistemática exhaustiva, sino de un consenso de expertos. Un consenso puede ordenar y sintetizar la evidencia disponible, pero no incrementa por sí mismo la certeza de esa evidencia. El artículo menciona utilizar un sistema de graduación, pero no presenta una aplicación completa y explícita de la metodología GRADE, con evaluación formal de riesgos de sesgo, inconsistencia, indirectitud, imprecisión o sesgo de publicación, ni incluye tablas de resumen de hallazgos con estimaciones cuantitativas del efecto y su nivel de certeza por desenlace¹. Ese detalle no es menor porque en prevención las recomendaciones dependen críticamente del peso real de la evidencia y de su transparencia metodológica.
El segundo punto clave es el tipo de desenlace evaluado en el estudio que sustenta la propuesta. En el programa COSMOS se observaron beneficios en el rendimiento en pruebas cognitivas². No se demostró reducción de la incidencia de demencia clínica, ni disminución de la discapacidad funcional, ni menor institucionalización, ni impacto en la mortalidad. El efecto se documentó en los resultados intermedios. En medicina preventiva hemos aprendido que los resultados intermedios no siempre se traducen en beneficios clínicos relevantes a largo plazo. Por eso, aunque el hallazgo es interesante y merece consideración, no puede equipararse automáticamente a la prevención demostrada de la demencia.
Un tercer aspecto es el salto inferencial hacia la política pública. El consenso sugiere que, dado que implementar un patrón alimentario ideal resulta complejo en América Latina, la suplementación podría constituir una alternativa práctica¹. Sin embargo, esa conclusión supone que la magnitud del beneficio observado es clínicamente significativa, que el efecto es sostenido a lo largo del tiempo, que el balance entre beneficios y posibles riesgos es favorable a nivel poblacional y que la intervención es costo-efectiva y equitativa. Ninguno de estos puntos está demostrado de manera concluyente en el documento.
Finalmente, el artículo declara que la reunión del panel y la asistencia editorial fueron financiadas por Haleon, empresa que comercializa preparados multivitamínicos, y que algunas autoras tenían un vínculo laboral con dicha compañía¹. La existencia de un conflicto de interés declarado no invalida automáticamente el contenido, pero sí exige una lectura más crítica y un estándar metodológico particularmente riguroso cuando las recomendaciones pueden tener un impacto comercial directo.
Entonces, ¿qué sabemos realmente? Sabemos que existe evidencia de un ensayo clínico de gran tamaño que sugiere un beneficio modesto en las pruebas cognitivas en adultos mayores que reciben diariamente un preparado multivitamínico². No sabemos si esa intervención previene la demencia clínica ni si modifica la trayectoria funcional a largo plazo. Tampoco sabemos si justifica una recomendación poblacional amplia.
En términos de certeza, el efecto sobre las pruebas cognitivas podría considerarse de certeza moderada. La prevención de la demencia y la recomendación como estrategia de salud pública tienen, en cambio, una certeza baja o muy baja. En la práctica clínica, identificar y corregir deficiencias nutricionales documentadas es razonable. Promover la alimentación saludable, la actividad física y el control de factores vasculares sigue siendo el núcleo duro de la prevención cognitiva. Convertir un consenso basado en resultados intermedios en una recomendación amplia de suplementación exige, por prudencia metodológica, más evidencia de la que hoy tenemos.
En la prevención, la cautela no es resistencia al cambio; es memoria histórica.
Referencias: 1. Nogueira-de-Almeida CA, et al. Role of Micronutrient Supplementation in Promoting Cognitive Healthy Aging in Latin America: Evidence-Based Consensus Statement. Nutrients. 2025;17(15):2545. 2. Grodstein F, et al. Multivitamin Supplementation and Cognitive Function in Older Adults (COSMOS-Mind). Am J Clin Nutr. 2022;115(5):1234–1243
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