El sobrediagnóstico se produce cuando un problema médico es detectado en un estadio en el que el tratamiento realmente no es necesario.
También se da cuando se piden muchos estudios sin que haya evidencia de que eso vaya a mejorar o prolongar la vida.
Otra manera es cuando los tratamientos son agresivos en las primeras fases de la enfermedad o por ejemplo demasiado seguimientos sanitarios innecesarios.
La sobremedicalización está relacionada con el sobrediagnóstico pero es sutilmente distinta se produce cuando a las diferencias humanas normales y corrientes se le ponen etiquetas médicas convirtiéndolas así en un asunto a tratar por los médicos.
Lo mismo ocurre con las variaciones de la conducta o las distintas fases de la vida.
Por ejemplo decirles a los niños inmaduros o socialmente ansiosos que tienen un trastorno cerebral neuroevolutivo o convertir las no enfermedades en enfermedades pensando que son problemas que la medicina debería curar como vemos en el caso del envejecimiento, el sueño escaso, las dificultades relacionadas con el deseo sexual, la menopausia y la infelicidad.
Hay dos mecanismos principales a través de los cuales aumentan el sobrediagnóstico y la sobremedicalización, el primero de ellos es la sobredetección.
Esta se produce cuando las nuevas tecnologías y los programas de detección temprano más sensibles e intensos se usan para detectar enfermedades sin que ocurrean síntomas, en fases muy tempranas.
El segundo mecanismo es la ampliación de la definición de enfermedad esto ocurre cuando la frontera entre lo normal y lo patológico varían lentamente de tal modo que con el tiempo muchas personas que habían sido consideradas sanas se las clasifica como enfermas, esto en inglés se llama Diagnosis creep o influencia diagnóstica.
El sobrediagnóstico y la sobremedicalización arrancan de buenas intenciones, pero también de supuestas verdades que no han sido comprobadas como por ejemplo la suposición de que el diagnóstico temprano es siempre lo más conveniente,
Se piensa que tener un diagnóstico es siempre mejor que no tener ninguno y que la gente quiere saber su futuro médico.
Aunque bien sabemos que esto no se puede cambiar.
Otros supuestos son:
«Más medicina es siempre mejor medicina»
«La medicina moderna es la mejor de todas»
«La alta tecnología es mejor que la de bajo nivel»
Pero la correcta medicalización debe hacerse sobre pruebas no sobre suposiciones
Es normal que la gente se preocupe por el subdiagnóstico.
Muchos tenemos una historia personal o más de una enfermedad que se pasó por alto a un profesional de la medicina.
El sobrediagnóstico es mucho más difícil de detectar.
Alguien a quien le dicen que tiene una enfermedad o que está en riesgo de contraerla rara vez cuestiona o rechaza ese enunciado de su médico.
Al ser tan difícil que alguien fue sometido un tratamiento innecesario casi nadie se quejará de haber sido sobrediagnosticado.
También es muy difícil identificar el punto en que un tratamiento médico apropiado termina siendo excesivo o que un diagnóstico se convierte en sobrediagnóstico.
Por esta razón y por temer tanto los diagnósticos omitidos nos ha resultado tan fácil aceptar la tendencia a contar con demasiados diagnósticos hechos con tanta facilidad.
Cada vez hay más pruebas de que la cantidad de sobrediagnósticos podría superar el número de subdiagnósticos y de que los primeros producen muchos daños.
Consideremos estas situaciones.
El NHS o Servicio Nacional de Salud de Inglaterra estima que tratar los cánceres hallados en los programas de detección temprana salva 10.000 vidas/año…
Pero, ¿y si esas células cancerosas halladas tan tempranamente en el rastreo, no estaban destinadas a causar una enfermedad grave?
No todas las células cancerosas tempranas progresan hacia un cáncer en estado avanzado.
Quizás, entre esas 10.000 personas que se salvaron haya algunas vidas que sí lo hicieron.
Pero al resto de las personas les aplicaron un tratamiento de cáncer que no era necesario.
Este es uno de los mejores ejemplos de sobrediagnóstico por sobredetección.
Un estudio llevado a cabo en 2023 en Estados Unidos estimaba que el 31% los cánceres de mama diagnosticados en mujeres mayores de 70 años eran producto del sobrediagnóstico.
Un estudio francés consideraba que se había gastado más de 100 millones de euros en sobrediagnosticar el cáncer de tiroides en un período de 4 años.
En muchos programas de detección de cáncer de próstata no se salva ninguna vida, pero por cada 1000 hombres examinados nada menos que 20 son diagnosticados y tratados por un cáncer que nunca les habría causado problemas de no haber sido diagnosticado.
Esta historia se repite en todo el mundo y es aplicable a cualquier tipo de cáncer que tenga programas de detección temprana.
Los programas de detección temprana del cáncer salvan vidas pero también corren el riesgo de exponer a la gente a un innecesario tratamiento médico invasivo y a las consecuencias psicológicas que trae consigo un diagnóstico de cáncer.
La ampliación de la definición de enfermedad aumenta espectacularmente el porcentaje de diagnósticos.
Consideremos el caso de la prediabetes como un estadio intermedio entre niveles de glucosa completamente normales y la diabetes real.
En 2003 la Asociación Estadounidense de Diabetes ajustó la definición de lo que significa tener prediabetes bajando el nivel de glucemia en ayunas. De 110 a 126 mg%
Este cambio aparentemente insignificante llevó de la noche a la mañana a doblar y casi triplicar la cantidad de gente con prediabetes.
Si ese cambio se aplicara a escala mundial supondría que nada menos que la mitad de los chinos adultos y un tercio de los británicos y estadounidenses adultos se considerarían prediabéticos y ellos los colocaría en un grupo considerado de alto riesgo de desarrollar DBT por lo que tendrían seguimiento médico y riesgo de sufrir trastornos de ansiedad por ese rótulo.
Esta abrupta escalada de los diagnósticos de la enfermedad se debe solo a la decisión de un comité de redefinir los parámetros de glucemia normal.
La idea original era que todas las personas que resultasen diagnosticadas reciban tratamiento o asesoramiento que las ayude a evitar desarrollar diabetes.
Estas medidas se tomaron hace 20 años pero la prevalencia mundial de la DBT 2 aumenta año tras año.
Si bien se ha demostrado que diagnosticar prediabetes retrasa el comienzo de la diabetes en algunas personas (sin duda eso es beneficioso para ellas) muchas otras (por no decir la mayoría) consideradas prediabéticas nunca habrían desarrollado la diabetes de no haber sido diagnosticadas
De manera tal, que para ese grupo nunca habría sido necesario el seguimiento de ese diagnóstico o han medicalizado a todas esas personas sin haber sentido apenas mejoría alguna en su estado de salud.
Pensemos ahora en toda esta gente que recientemente se ha encontrado de que tiene TDAH (Trastorno de desatención ausencias e Hiperexcitabilidad) y autismo.
Se supone que identificar niños y adultos con estos problemas mediante pruebas diagnósticas lleva que puedan sean más felices, sociales y exitosas en la vida.
Sabemos que intervenir pronto en niños muy pequeños gravemente afectados los ayuda a progresar en la vida pero los recientes cambios en las definiciones de esas enfermedades han hecho que se diagnostique a muchos adultos con síntomas mucho más leves y apenas está aprobado que esas intervenciones sociales o médicas funcionen en este grupo.
¿Todos aquellos que reciben estos diagnósticos se benefician realmente de ellos?
El sobrediagnóstico no implica que el diagnóstico sea erróneo sino que apunta a la posibilidad de que los daños pueda superar los beneficios.
¿Cuánto daño podría causar el rótulo de estas enfermedades?
Puede tener un efecto negativo inconmensurable tanto en el bienestar psicológico como en la autoestima del paciente.
Es importante destacar que la sobremedicalización y el sobrediagnóstico no son procesos que solamente la comunidad médica esté desplegando sobre una población incauta.
La patologización del sufrimiento, la higienización de la cruda realidad de la vida a través de la biología, es una tendencia tanto científica como social.
Si efectivamente tenemos una crisis de sobrediagnóstico, ¿Qué papel desempeñan entonces las expectativas de éxito y perfección de la sociedad?
Nos animan a creer que podemos conseguir todo lo que queremos por eso no siempre será así.
Es de temer que el diagnóstico médico se ha convertido en una manera de reformular aquello que percibimos como nuestras deficiencias.
La ilusoria expectativa de alcanzar la imposible perfección física y psicológica puede estar convirtiéndonos en pacientes y robándonos el control de nuestro propio destino.
Los trastornos psíquicos y/o somáticos suelen aparecer como consecuencia de los relatos que nos contamos a nosotros mismos acerca de nuestra salud.
Decirle a una persona que está enferma, informarle de problemas de desarrollo, de desequilibrios químicos o de una inminente enfermedad hace que cambie su modo de percibir y usar su propio mente y cuerpo.
Referencia:
Extracto del Libro: La era del diagnóstico Autora: Suzanne O´Sullivan
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