Guías Alimentarias de EE. UU.: un buen texto técnico y una imagen que no siempre ayuda

Escrito por Karin Kopitowski

Cuando uno se sumerge en el documento técnico completo que sustenta las nuevas guías alimentarias de Estados Unidos, la sensación general es positiva. No es un informe disruptivo ni pretende “reinventar” la nutrición, pero sí resulta coherente con la evidencia disponible, prudente en sus afirmaciones y bastante alineado con lo que hoy consideramos razonable desde la medicina basada en la evidencia. El ruido empieza más tarde, cuando ese contenido se condensa en imágenes e infografías que, al simplificar, pierden jerarquías y terminan sugiriendo mensajes que el texto, en realidad, no respalda.

En el corazón del documento aparece con mucha claridad una idea que a veces se diluye cuando sólo miramos la pirámide o el plato: el énfasis en la comida real. El informe insiste en que una alimentación saludable se construye sobre la base de alimentos mínimamente procesados, preparados en casa o con un bajo nivel de intervención industrial. Verduras, frutas, legumbres, granos integrales, frutos secos y semillas no aparecen como “opciones saludables” más, sino como el núcleo cotidiano del patrón alimentario recomendado. Esta insistencia en patrones basados en la comida real es uno de los puntos más fuertes del texto y dialoga bien con la evidencia acumulada sobre la salud cardiometabólica.

En contraposición, el documento es bastante explícito respecto de los alimentos ultraprocesados. No se limita a sugerir moderación, sino que los vincula con una mayor densidad calórica, exceso de sodio, azúcares agregados y grasas de baja calidad y refuerza la necesidad de limitarlos activamente. El mensaje no es sólo nutricional, sino también de patrón: cuanto más se estructura la dieta en torno a ultraprocesados, peor es el perfil global de la alimentación. Este punto, sin embargo, queda sorprendentemente desdibujado en la traducción visual, donde los ultraprocesados casi no se perciben como una categoría problemática.

Algo similar ocurre con el tratamiento de las grasas saturadas. Desde el punto de vista técnico, el mensaje del informe es clásico y defendible: mantenerlas por debajo del 10% de las calorías totales y, siempre que sea posible, reemplazarlas por grasas insaturadas provenientes de aceites vegetales, frutos secos y pescado. La manteca, como otros alimentos ricos en grasas saturadas, no está prohibida, pero queda claramente ubicada como un consumo ocasional dentro de un patrón saludable. El problema aparece cuando la imagen la muestra de forma visible y sin contexto. Para quien no leyó el texto, es fácil caer en la lectura simplificada de que “si aparece en la pirámide, está bien”, cuando el famoso 10% es un límite poblacional, no una invitación.

El capítulo de proteínas es otro ejemplo de un texto más sofisticado que su representación gráfica. El informe hace un énfasis interesante y bastante moderno en cubrir adecuadamente los requerimientos proteicos a lo largo del curso de vida, especialmente en adultos mayores, y en distribuir la proteína a lo largo del día. También es claro en cuanto a la necesidad de diversificar las fuentes, priorizando legumbres, frutos secos, pescado y aves, y dejando a las carnes rojas en un lugar secundario, con menor frecuencia. Sin embargo, visualmente, este matiz se pierde. En varias imágenes, las carnes aparecen en posiciones muy visibles —incluso en el cuadrante superior izquierdo, un punto de alta captación visual—, lo que puede sugerir una centralidad que el texto no les otorga.

Cuando se juntan todas estas piezas, la sensación es que el problema de fondo no es nutricional sino comunicacional. El informe técnico, elaborado por expertos, es cuidadoso, contextualiza, jerarquiza y evita mensajes simplistas. La iconografía, en cambio, tiende a aplanar esas diferencias: la comida real pierde protagonismo, los ultraprocesados desaparecen del radar visual, las grasas saturadas se normalizan y la carne gana una visibilidad que no refleja su rol real en el patrón recomendado.

Para quienes trabajamos en atención primaria, esto no es un detalle menor. La mayoría de las personas no lee el informe técnico: mira la imagen. Y eso nos obliga, otra vez, a reconstruir el mensaje en la consulta, aclarando que lo central es el patrón, que la base cotidiana es la comida real, que conviene evitar los ultraprocesados y que aparecer en un gráfico no equivale a ser un alimento de consumo diario.

Las nuevas guías alimentarias de Estados Unidos, elaboradas por USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos) y HHS (Department of Health and Human Services), se basan en un documento técnico riguroso y alineado con la evidencia. El desafío no está en lo que dicen, sino en cómo se ve lo que dicen. Y en nutrición —como en medicina— la forma también es fondo.

🔗 Guías Alimentarias de Estados Unidos 2025-2030 :
👉 https://cdn.realfood.gov/DGA.pdf

Este PDF contiene la versión íntegra de la guía con todas las recomendaciones oficiales sobre patrones alimentarios, comida real, ultraprocesados, grasas, proteínas, etc.

Si querés ver también materiales complementarios, versiones abreviadas o guías en línea para profesionales y público general, podés visitar el sitio oficial:
👉 https://www.dietaryguidelines.gov/

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