Escrito por Karin Kopitowski
La revisión sistemática Intermittent fasting for adults with overweight or obesity, publicada en la Cochrane Database of Systematic Reviews (CD015610, 2026), tiene para nosotros un doble interés. Por un lado, aborda un tema de enorme circulación social y clínica. Por otro, cuenta con una participación sustantiva del Centro Cochrane Asociado a la Universidad Hospital Italiano de Buenos Aires. El equipo autor incluye a Luis I. Garegnani (autor líder), Gisela Oltra, Diego Ivaldi, Mariana Andrea Burgos y Camila Micaela Escobar Liquitay, afiliados al Research Department – Universidad Hospital Italiano de Buenos Aires, junto con Paola J. Andrenacci (Cochrane Hepato-Biliary Group, Argentina) y otros integrantes de la red Cochrane Iberoamericana. Es decir, se trata de una síntesis producida desde nuestra región, bajo los estándares metodológicos más exigentes en revisión sistemática y evaluación de certeza de la evidencia¹.
La revisión incluyó 22 ensayos clínicos aleatorizados con aproximadamente 1995 adultos con sobrepeso u obesidad, con seguimientos de hasta 12 meses. Comparó distintas modalidades de ayuno intermitente —restricción horaria, ayuno en días alternos, esquemas 5:2— frente a asesoramiento dietético tradicional con restricción calórica o frente a no intervención. El desenlace principal fue la pérdida de peso, y se evaluaron además proporción de personas que alcanzan una reducción ≥5% del peso corporal, calidad de vida y eventos adversos¹.
Cuando el ayuno intermitente se comparó con dieta hipocalórica convencional, la diferencia media en porcentaje de pérdida de peso fue de −0,33 puntos porcentuales (IC 95% −0,92 a 0,26), con evidencia de baja certeza. Es decir, una diferencia pequeña, con intervalo de confianza que cruza el efecto nulo y que no permite afirmar superioridad clínica relevante. En términos de alcanzar una reducción ≥5% del peso corporal, el riesgo relativo fue 0,98 (IC 95% 0,82 a 1,18), con evidencia de muy baja certeza, lo que indica ausencia de señal consistente a favor del ayuno intermitente. Para calidad de vida, la diferencia estandarizada de medias fue 0,11 (IC 95% −0,27 a 0,49), también con baja certeza, y los eventos adversos mostraron un riesgo relativo de 1,45 (IC 95% 0,64 a 3,28), con muy baja certeza, estimaciones imprecisas y heterogéneas¹.
Frente a no intervención, el ayuno intermitente mostró una diferencia media en pérdida de peso de −3,42 puntos porcentuales (IC 95% −4,95 a −1,90), con evidencia de certeza moderada. Este hallazgo es esperable: intervenir suele ser mejor que no intervenir. Sin embargo, incluso aquí, la interpretación clínica requiere cautela, dado el horizonte temporal limitado de los estudios y la escasa información sobre sostenibilidad a largo plazo. Para calidad de vida (MD 3,49; IC 95% −49,35 a 56,33) y eventos adversos (RR 1,84; IC 95% 0,88 a 3,85), la certeza fue muy baja, impidiendo conclusiones firmes¹.
Metodológicamente, la revisión identificó heterogeneidad en los protocolos de ayuno, tamaños muestrales pequeños en varios ensayos, riesgo de sesgo en algunos estudios e importante imprecisión en desenlaces distintos al peso. Además, la mayoría de los ensayos tuvo una duración ≤12 meses, un plazo corto para una condición crónica como la obesidad y para evaluar resultados clínicamente significativos sostenidos en el tiempo¹.
¿Qué implica esto para la práctica en medicina familiar y comunitaria? Primero, que el ayuno intermitente no demuestra ser superior a la restricción calórica tradicional en términos de pérdida de peso clínicamente relevante. Segundo, que no existe evidencia robusta de beneficios adicionales consistentes en calidad de vida ni un perfil de seguridad claramente diferenciado. Tercero, que el efecto observado parece estar más relacionado con el déficit energético global que con el patrón temporal de ingesta.
En un escenario saturado de mensajes simplificadores y promesas de atajos metabólicos, esta revisión aporta algo más valioso que un titular: aporta proporción. El ayuno intermitente puede ser una opción válida si se ajusta a las preferencias y al contexto de vida de una persona concreta, pero no constituye una herramienta superior por sí misma. No reemplaza la conversación clínica sobre sostenibilidad, adherencia, comorbilidades, determinantes sociales ni estrategias integrales que incluyan actividad física, abordajes conductuales y, cuando corresponda, tratamiento farmacológico.
En definitiva, no vemos “protocolos 16:8” en el consultorio; vemos personas. Y para personas concretas, la pregunta no es qué régimen está de moda, sino qué intervención tiene evidencia razonable, es proporcional en sus expectativas y puede sostenerse en el tiempo sin erosionar el bienestar. Esta revisión, producida con participación relevante del Centro Cochrane de la Universidad Hospital Italiano, nos recuerda que en obesidad —como en tantas otras áreas— la solidez metodológica importa, la magnitud del efecto importa y la centralidad de la persona importa todavía más.
Referencias: 1. Garegnani LI, Oltra G, Ivaldi D, Burgos MA, Escobar Liquitay CM, Andrenacci PJ, et al. Intermittent fasting for adults with overweight or obesity. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2026; CD015610.
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