Onicofagia: cuando morderse las uñas llega a la consulta

Por Diego Terceiro

Morderse las uñas es un hábito muy frecuente en la infancia. Suele comenzar alrededor de los 3 ó 4
años y alcanza su mayor frecuencia en edad escolar. En niños de 7 a 10 años se describieron
prevalencias cercanas al 28–33%, y en la pubertad puede ser aún más frecuente (1). Muchas veces
aparece en niños sanos, como una conducta transitoria, vinculada al aburrimiento, la tensión, la
espera o ciertos momentos de ansiedad.

En la consulta, la pregunta suele ser simple pero cargada de preocupación familiar: “¿Qué hacemos
para que deje de morderse las uñas?”. Y ahí conviene ordenar el problema. No todo niño que se
muerde las uñas necesita un tratamiento. Pero sí vale la pena mirar el contexto: cuánto tiempo ocupa
el hábito, si genera lesiones, si produce vergüenza o dificultades sociales, y si aparece junto con
ansiedad, tristeza, dificultades atencionales u otros hábitos repetitivos.

¿Qué dice la evidencia?

La evidencia disponible para tratar la onicofagia en niños es sorprendentemente escasa. Una revisión
sistemática encontró muchos trabajos publicados, pero solo un estudio cumplía criterios mínimos de
calidad (1). Ese estudio favorecía las intervenciones psicológicas o conductuales, especialmente las
orientadas a reconocer el hábito y reemplazarlo por otra conducta (2).

En cambio, no hay buen respaldo para indicar fármacos como tratamiento específico de la onicofagia
infantil. Tampoco hay evidencia sólida para recomendar aparatos intraorales (1). Los esmaltes de
sabor desagradable son muy usados, pero su utilidad es limitada: pueden funcionar como
recordatorio en algunos niños, aunque rara vez resuelven el problema si se usan solos.

Bajada a la práctica

En la mayoría de los casos, la primera intervención es tranquilizar y evitar que el tema se transforme
en una batalla cotidiana. Retar, castigar, avergonzar o insistir todo el día suele empeorar el circuito:
aumenta la tensión, baja la autoestima y puede reforzar el hábito.

Una estrategia útil es ayudar al niño a identificar cuándo se muerde las uñas: mientras mira pantallas,
antes de dormir, en el colegio, cuando está preocupado o aburrido… A partir de ahí, se puede
proponer una conducta alternativa concreta: apretar una pelota blanda, jugar con un objeto pequeño,
respirar profundo, ocupar las manos o pedir ayuda cuando nota que está nervioso.

También conviene indicar medidas simples: mantener las uñas cortas, cuidar las lesiones
periungueales, tratar paroniquias si aparecen y reforzar positivamente los pequeños logros. La meta
inicial no siempre es “dejar de hacerlo por completo”, sino reducir el daño y aumentar el registro del
hábito.

En otros problemas de regulación conductual en niños, las intervenciones que combinan seguridad,
vínculo, verbalización de emociones, objetivos pequeños y refuerzo de conductas apropiadas
aparecen como componentes clínicamente relevantes (3). Aunque esa evidencia no es específica de
onicofagia, el principio es aplicable: los niños cambian mejor una conducta cuando se sienten
acompañados, no atacados.

Para llevar a la consulta

● La onicofagia es frecuente y muchas veces benigna.
● El diagnóstico se hace con anamnesis y examen físico.
● Hay que evaluar lesiones locales, impacto social y síntomas emocionales asociados.
● La mejor estrategia inicial es conductual: identificar disparadores y reemplazar el hábito por
otra conducta.
● Los castigos, retos y amenazas suelen empeorar el problema.
● No hay evidencia suficiente para indicar fármacos o aparatos intraorales como tratamiento
habitual.
● Conviene derivar o pedir apoyo en salud mental infantil cuando la onicofagia es intensa,
persistente, genera lesiones importantes, se acompaña de ansiedad significativa, síntomas
depresivos, conductas compulsivas u otros problemas del desarrollo o la conducta.

Referencias
  1. Restrepo Serna CC. Tratamiento de la onicofagia en niños. Revisión sistemática. Rev CES
    Odontol. 2011;1(1):93-101.
  2. Woods DW, Murray LK, Fuqua RW, Seif TA, Boyer LJ, Siah A. Comparing the effectiveness
    of similar and dissimilar competing responses in evaluating the habit reversal treatment for
    oral-digital habits in children. J Behav Ther Exp Psychiatry. 1999;30:289-300.
  3. Kato Y, Nakayama Y, Kawahara T, Kato Y, Fujita A, Yamazaki A. Validity of nursing
    interventions for aggressive behavior in neurodevelopmental disorders in child and
    adolescent psychiatry: a modified e-Delphi study. Psychiatry Clin Neurosci Rep.
    2025;4:e70144.

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