Testosterona en mujeres posmenopáusicas: ¿qué sabemos hoy?

Por Nadia Musarella

La consulta por el uso de testosterona en las mujeres durante la posmenopausia es cada vez más frecuente. En muchos casos, esta demanda está influenciada por la información difundida en redes sociales, medios de comunicación o recomendaciones del entorno, lo que genera expectativas respecto de sus potenciales beneficios sobre el deseo sexual, los niveles de energía, la masa muscular y, en algunos casos, el envejecimiento.

Ante esta creciente demanda, surgen algunas preguntas como: “¿hay evidencia de su eficacia?”, “¿cuáles son sus beneficios clínicos?”, “¿en qué pacientes estaría indicada?”. Estas preguntas ponen de manifiesto la necesidad de realizar una revisión crítica de la evidencia científica disponible.

¿Qué dice la evidencia?

El reciente I Consenso Argentino sobre el uso de testosterona en mujeres posmenopáusicas contribuye a responder estos interrogantes desde una perspectiva basada en evidencia.

Su principal conclusión, y el mensaje de mayor relevancia para la práctica clínica, es que la testosterona cuenta con una única indicación respaldada por la evidencia: el tratamiento del trastorno del deseo sexual hipoactivo en mujeres posmenopáusicas.

El diagnóstico del trastorno del deseo sexual hipoactivo (conocido como HSDD, las siglas en inglés de Hypoactive Sexual Desire Disorder) es clínico y no se establece por un valor bajo de testosterona en sangre ni por la presencia aislada de disminución del deseo sexual. Para realizar un correcto diagnóstico es fundamental evaluar otros factores que pueden explicar el cuadro tales como problemas vinculares, síntomas genitourinarios de la menopausia, trastornos del estado de ánimo, enfermedades crónicas o el uso de determinados medicamentos (antidepresivos, betabloqueantes, entre otros).

En cuanto al tratamiento, otra contribución del consenso antes mencionado es que, si bien existe un beneficio con uso de testosterona en el HSDD, este es moderado. Los estudios científicos muestran que, en promedio, hay alrededor de un encuentro sexual satisfactorio adicional por mes respecto del placebo.

Si se decide realizar el tratamiento con testosterona, la formulación de elección para su administración en mujeres es la vía transdérmica. No se recomienda el uso de formulaciones orales, implantes subcutáneos ni preparados inyectables. En Argentina, la única presentación comercialmente disponible es el gel de testosterona Androlone® (envase de 15 g). Se aplica una vez al día sobre piel limpia y seca, preferentemente en la cara interna del antebrazo.

Por último, el consenso es claro en cuanto a que no existe evidencia suficiente para recomendar el uso de testosterona con el objetivo de aumentar la energía, mejorar la memoria, el estado de ánimo, la masa muscular, la composición corporal, la salud ósea o la calidad de vida en general. En otras palabras, fuera del HSDD, los beneficios clínicos no han sido demostrados y su uso no está respaldado por la evidencia disponible.

Bajada a la práctica

Probablemente el primer desafío en la consulta no sea prescribir testosterona sino identificar correctamente el problema. El bajo deseo sexual rara vez tiene una única causa. Por ello, es fundamental explorar la calidad de la relación de pareja, la presencia de síntomas genitourinarios de la menopausia, el uso de medicamentos, los trastornos del estado de ánimo y otras enfermedades crónicas que pueden contribuir al cuadro clínico. 

Una vez que se concluya que el diagnóstico es el de HSDD, la testosterona puede ser una alternativa terapéutica. Sin embargo, es importante analizar con quien consulta las expectativas realistas del tratamiento ya que, si bien el beneficio existe, se sabe que es moderado.

Para llevar a la consulta

  • La única indicación respaldada para el uso de la testosterona en mujeres posmenopáusicas es el HSDD.
  • La testosterona no está indicada para sentirse “más joven» o ser más activa. 
  • El diagnóstico del HSDD es clínico y no depende de los niveles sanguíneos de testosterona.
  • Es importante indagar otros factores que puedan contribuir a la disminución del deseo sexual.
  • La testosterona se prefiere en formulaciones transdérmicas y deben evitarse preparados orales, implantes e inyectables.
  • En Argentina está disponible el gel de testosterona Androlone® (envase de 15 g). Una forma práctica para administrar la dosis consiste en utilizar una jeringa como dosificador: se carga el gel hasta la primera marca de la jeringa y se aplica una vez al día sobre piel limpia y seca, preferentemente en la cara interna del antebrazo.

En síntesis

En un contexto en el que la testosterona suele promoverse como una alternativa terapéutica para múltiples síntomas asociados a la menopausia, este consenso propone una mirada más prudente. La evidencia científica disponible respalda su uso únicamente para el tratamiento del HSDD en mujeres posmenopáusicas.

Bibliografía:

Valente S, Carpintero P, Fernandez G, Belardo A, Capandeghi C, Caro R, et al. I Consenso Argentino sobre el Uso de Testosterona en Mujeres Postmenopáusicas. Rev SASH. 2026;7(1):11-31. https://doi.org/10.58751/95f0xj71

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