Novedades en el manejo de la diabetes: más allá de la glucemia

Por Marcela Botargues

En la consulta diaria vemos pacientes con diabetes tipo 2 que, además, tienen obesidad, enfermedad renal crónica, insuficiencia cardíaca o antecedentes cardiovasculares. Durante años ordenamos el tratamiento casi exclusivamente alrededor de la hemoglobina glicosilada (HbA1c). Hoy esa mirada queda corta: algunos fármacos modifican el pronóstico cardiorrenal y metabólico, incluso sin el beneficio glucémico como punto central.

El problema práctico es conocido: todavía cuesta indicarlos. A veces por falta de familiaridad, por dudas con la titulación o por temor a los efectos adversos. La pregunta para el consultorio es concreta: ¿a quién le cambia el pronóstico incluir en su tratamiento un iSGLT2 (dapagliflozina, empagliflozina), un agonista GLP-1 (por ejemplo, semaglutida) o, en casos seleccionados, pioglitazona?

¿Qué dice la evidencia?

La decisión no debería partir solo del valor de HbA1c, sino de la condición clínica predominante. 

Una forma simple de ordenar el mapa es la siguiente:

Enfermedad cardiovascular establecida o alto riesgo: tanto los agonistas del receptor GLP-1 como los iSGLT2 reducen eventos cardiovasculares mayores. Si el antecedente dominante es ACV o hay marcada insulinorresistencia, la pioglitazona puede tener un lugar en prevención secundaria, siempre que no haya insuficiencia cardíaca.

• Insuficiencia cardíaca: los iSGLT2 son la opción de elección. Reducen hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca y se usan tanto con fracción de eyección reducida como preservada. Por otro lado, en personas con insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada y obesidad, los agonistas GLP-1 también son efectivos para reducir los síntomas y las internaciones por esta enfermedad. En este escenario, la pioglitazona debe evitarse por retención hidrosalina.

Enfermedad renal crónica: los iSGLT2 son la base de la nefroprotección porque enlentecen la caída del filtrado y la progresión de la albuminuria. Los agonistas GLP-1 también ralentizan la caída del filtrado glomerular y aportan protección cardiovascular y pueden ser útiles cuando el filtrado limita otras estrategias.

• Obesidad o sobrepeso clínicamente relevante: los agonistas GLP-1 y los coagonistas duales, como tirzepatida, son los fármacos con mayor impacto sobre el peso. En estos pacientes, bajar el peso no es cosmético: cambia el riesgo metabólico global.

• MASLD/MASH: los agonistas GLP-1 mejoran peso, grasa hepática e inflamación. La pioglitazona sigue siendo una opción con evidencia directa en MASH, especialmente si hay transaminasas elevadas o riesgo de fibrosis, pero exige seleccionar bien al paciente.

Bajada a la práctica 

1. iSGLT2 (dapagliflozina y empagliflozina): son los más fáciles de incorporar ya que se indican por vía oral, una vez por día, habitualmente por la mañana. Para protección cardiorrenal se usan dosis fijas: dapagliflozina 10 mg/día o empagliflozina 10 mg/día, sin titulación progresiva. El efecto adverso más frecuente son las infecciones genitales micóticas. Conviene anticiparlo, explicar medidas de higiene, reforzar hidratación y pautar suspensión transitoria ante enfermedad aguda, ayuno prolongado, cirugía o deshidratación importante, por el riesgo bajo pero relevante de cetoacidosis euglucémica. Su costo no es menor.

2. Agonistas GLP-1 y duales (semaglutida, liraglutida, tirzepatida): se utilizan por vía subcuánea. El punto crítico es la titulación. Si se suben rápido, el paciente abandona por náuseas. Con semaglutida semanal, una estrategia habitual es iniciar con 0.25 mg por 4 semanas, subir a 0.5 mg por otras 4 semanas y luego evaluar 1 mg semanal para diabetes. Si el objetivo principal es obesidad, las dosis efectivas son mayores y requieren escalonamiento mensual hasta 2.4 mg semanal, según tolerancia y disponibilidad. Los efectos adversos más comunes son náuseas, saciedad precoz, vómitos o constipación. La indicación mejora cuando el paciente entiende que debe comer porciones más pequeñas y frenar al sentirse lleno. Están contraindicados ante antecedente personal o familiar de carcinoma medular de tiroides o MEN2. Son fármacos caros. 

3. Pioglitazona: no es una droga para todos, pero tampoco debería desaparecer del radar. Se usa por vía oral, en general 15 a 30 mg/día. Puede ser útil en MASH y en algunos pacientes con antecedente de ACV e insulinorresistencia. Su límite es claro: edema, aumento de peso, riesgo de fracturas en mujeres posmenopáusicas y contraindicación en insuficiencia cardíaca.

Para llevar a la consulta

• No esperar siempre al fracaso de metformina: si hay insuficiencia cardíaca, enfermedad renal crónica o enfermedad cardiovascular, pensar desde el inicio en iSGLT2 y/o agonista GLP-1.

• Con iSGLT2, la indicación es simple: una pastilla diaria, dosis fija, con educación sobre hidratación, higiene y suspensión en enfermedad aguda.

• Con agonistas GLP-1, el éxito depende de titular lentamente y anticipar síntomas digestivos.

• Reservar pioglitazona para escenarios seleccionados: MASH o antecedente de ACV, siempre descartando insuficiencia cardíaca.

• Tener en cuenta que algunos de estos fármacos tienen un costo elevado, lo que puede limitar su disponibilidad y acceso, especialmente en pacientes con recursos económicos limitados. Este aspecto constituye una consideración relevante al individualizar la estrategia terapéutica.

En síntesis

La diabetes tipo 2 ya no puede pensarse solo como una enfermedad de la glucemia. En muchos pacientes es una enfermedad cardiovascular, renal, hepática y del peso corporal. La oportunidad está en identificar el fenotipo clínico predominante y elegir el fármaco que proteja mejor, con una prescripción simple, segura, accesible y cumplible por parte del paciente.

iSGLT2: inhibidores del cotransportador de sodio-glucosa tipo 2

Agonistas del receptor GLP-1 (péptido similar al glucagón tipo 1)

MASLD: enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica

MASH: esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica.

Bibliografía

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